¿Amor?


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I solemny swear that I am up to no good...

Días van y días vienen, algunos días el sol y el calor son tan intensos que mis pensamientos se enfocan en buscar la forma de librarme de eso, pero en días como hoy, cuando la lluvia llega de repente, el aire frío que anuncia la llegada de un nuevo mes y la proximidad del invierno, lo único que viene a mi mente son recuerdos de lo que fue y lo que pudo haber sido.
De nada sirve vivir en el pasado, pero algunas veces las dudas azotan mi cabeza, algunas veces lo pienso y no sé porqué tomé las decisiones que tomé, me pongo a pensar y me doy cuenta que las cosas pudieron haber sido diferentes si hubiera hecho uso de esa “madurez” de la que presumía.

Y es que ahora lo veo todo como lo que es, un enorme teatro. La vida es así, es un escenario. En este escenario podemos representar las obras más maravillosas de la vida, tocar las piezas más hermosas, presentar los más impresionantes cuadros, decir los más profundos poemas. El punto está ahí, en la obra que se presenta, en el autor, en los espectadores.

La gente vive buscando su sueño, buscando un cuento de hadas, una realidad utópica de la cual estamos seguros existe, pero que en realidad muy poca gente ha vivido. Y es que no nos damos cuenta que no todo puede ser perfecto, que no todo es color de rosa.

Cuando somos pequeños, nos cuentan historias de princesas salvadas por príncipes encantadores, las niñas crecemos buscando a aquel que nos salvará, mientras que los niños crecen buscando a su damisela en peligro que debe ser rescatada, pero al final, todos quieren su “felices por siempre”.

El cuento de hadas, esa es la obra que se presenta en nuestro escenario, esa es la que todos buscamos con desesperación, pero ¿es que acaso no se dan cuenta? No cualquiera puede ser el protagonista de la obra, no cualquiera puede participar en la historia de amor, no puede tener su propia obra cada persona, porque entonces ¿dónde quedarían los espectadores?

Ahí está el punto. Es ilógico que existan más obras que espectadores, por lo que cada teatro tiene al menos un centenar de butacas, lo que significa, si hacemos bien las cuentas, que al menos cien personas se quedarán sentadas, observando la historia realizarse, sentados mirando como aquellos locos enamorados viven su cuento de hadas, hasta que la obra termina y se van a sus casas esperando la siguiente función.

Cada vez que nos topamos con alguna persona creemos que esta vez va a ser la indicada, pero no nos damos cuenta de las actitudes de esa persona, creemos que si es malo puede cambiar, si es mujeriego dejará de serlo, si es mentiroso se volverá honesto, creemos que cambiará por amor, por nuestro amor, y todo porque al primo del amigo del doctor del vecino le pasó, pero no nos damos cuenta que esa es una “excepción” y los demás, gente como nosotros somos solo la “regla”.

No digo que el amor no exista, no digo que no hay que buscarlo, ni mucho menos que debemos dejar de sentirlo, es simplemente que debemos tener la cabeza fría y analizar las cosas que para el corazón son más que obvias, porque cuando dejamos a nuestro corazón pensar y que tome nuestras decisiones, el resultado suele doler mucho más.

Mischief managed! 

It's okay to be...

Skinniy

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