Fahrenheit 451

La vez anterior les hablé de un libro muy bueno que me puso de malas y me deprimió, Aldous Huxley con su “Un mundo feliz” en donde no había arte, Dios, familia ni nada que pudiera llenarte de la suficiente pasión para que pelearas con ella.
Ahora vengo con una historia similar, pero muy diferente.
En Fahrenheit 451, Ray Bradbury nos cuenta de un mundo distinto, en el que tampoco existen las verdaderas familias, donde la televisión es todo lo que no rodea (literalmente) y la gente que ves ahí, son tus “familiares”, un mundo en el que la gente cree que es feliz porque puede sentarse dentro de una habitación en la que sus cuatro paredes son pantallas que hablan sin cesar día y noche, un mundo en el que los bomberos de dedican a provocar incendios para terminar con la última esperanza que el mundo tiene para volver a ser lo de antes: los libros.
Imaginen un lugar así, donde el tener un único libro y que alguien se dé cuenta, es motivo suficiente para que los bomberos entren y destruyan tu casa, contigo dentro si es necesario.
Como la persona rara que soy, suelo meterme demasiado en los personajes de los libros que leo, y verme en ese mundo extraño sin libros, lleno de gente más loca que yo y con ideas raras, me deprime.
No voy a decir que no es un muy buen libro, ha sido una de las mejores recomendaciones que me ha hecho Makoto Black y me da gusto haberlo leído, pero tengo que aceptar que es una situación que no me gustaría vivir, un mundo en el que preferiría no vivir.
Eso de los mundos “felices”, definitivamente NO es lo mío.

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